El Fútbol Femenino de Bahía: entre la promesa y el deterioro
Lluvia. Mal tiempo. Casi sin prácticas en las semana. Una categoría suspendida, la otra obligada a jugar. Lo que pasó esta semana resume todo, hay decisiones que hablan más que mil comunicados.
La Lluvia en gran parte de la semana, con mal tiempo hasta el sábado. Trajo aparejado que los planteles practicamente no hayan entrenado con normalidad durante toda la semana. Canchas que no aguantan. Pero la decisión fue clara para el fútbol masculino, se suspenden los partidos. Preservar lo que existe. Cuidar lo que funciona.
El femenino, sin embargo, tenía otra orden de magnitud, que se juegue como sea y donde sea. Incluso a veces pensado desde los propios cuerpos técnicos, para no perder ritmo de competencia.
Donde solo preocupan los calendarios por sobre todas las cosas. Eso resume todo lo que hay que saber sobre cómo se toma en serio o no una categoría en esta Liga del Sur. Eso sí, de 8 partidos, 4 fueron suspendidos. Algunas jugadoras se enteraron el mismo día que no jugaban. Y uno fue cambiado de localía, porque su cancha auxiliar estaba imposible. El Onofre Pirrone (cancha de 1ra del club Tiro Federal) ¿No se preserva como hizo todo el masculino?
La promesa que ya nadie cree
Hace unos años hubo discurso. Había compromiso. El fútbol femenino iba a tener su lugar en los estadios. En canchas donde hay infraestructura, donde hay ilusión de las propias jugadoras, donde los campos de juego tienen otro cuidado.
Sin embargo hoy a 5 años de la vuelta del femenino, cada vez más, los equipos de 1ra división, juegan en predios auxiliares. Salvo excepciones como Tiro Federal, San Francisco, Sporting, Pacífico de Cabildo y algún otro que cada tanto de rebote les presta cancha a las jugadoras de 1ra División. El resto olvidó lo que se hizo años anteriores o nunca realmente cumplió. Ahora cada vez más, se nota que la cancha que está libre o los sintéticos, se usan para el femenino.
Eso no es un detalle administrativo. Es una declaración. Es decir, “Ustedes no merecen lo que prometimos. Arréglense.”
Y las jugadoras lo saben. Lo sienten cada vez que caminan hacia una cancha que no es la suya, en un horario que no fue pensado para ellas, no solo en los partidos, también en los entrenamientos semanales, donde hacen malabares para entrenar donde se puede y en condiciones que nadie aceptaría si tuviera otra opción.
El crecimiento sin sustancia
Aquí es donde el cuadro se vuelve más preocupante. Bahía suma categorías. Cada año hay más competencia, más equipos, más participantes. Los números se ven bien en un comunicado.
Pero números no es lo mismo que proyecto.
Muchas categorías sin canchas donde jugar es caos. Muchas categorías sin continuidad estructural en los clubes es un funeral lento.
Y nadie lo analiza así. Es sumar por sumar. Los clubes suman porque hay movimiento, hay recaudación, hay actividad. Pero ¿crecimiento real? ¿Mejorías en las condiciones? ¿Atracción genuina para las jugadoras?
No. La competencia perdió notoriedad. Perdió lo que había ganado años atrás. Y lo peor, perdió respeto entre sus propias participantes.
Jugadoras cuentan en privado, nunca en público, porque está el miedo de sanciones, que el campeonato ya no motiva como antes. Que no se siente el mismo compromiso. Que hay decisiones que no tienen lógica ni coherencia.
Cuando pierden motivación las que juegan, el proyecto está en coma.
El patrón de incoherencia
No es solo a nivel local, a nivel provincial ya se demostró, que una definición de torneo de selecciones jugada en dos días, sin descanso, es un despropósito. Es una forma de decir que los derechos de recuperación, de salud física, son secundarios. Pero eso no es falla. Es decision. Y las decisiones tienen prioridades y muchas veces son del orden administrativo antes que bienestar.
Recaudación antes que proyección. O cumplir con el “cronograma” simplemente pese a todo.
Los clubes cada vez hacen malabares para cumplir, pero se les complica afrontar los costos que tienen las ternas arbitrales, además de enfermera, el canon para la Liga y el poco ingreso de público para la recaudación fin de semana tras fin de semana. (Todos los partidos se juegan el mismo día y a la misma hora, decisión criticada más de una vez)
Mientras tanto en Bahía, el futsal crece. La liga universitaria existe y funciona. Los torneitos barriales atraen. ¿Por qué? Porque tienen coherencia interna. Prometen poco y entregan. Tienen reglas claras. No hay promesas incumplidas que erosionen la confianza semana a semana.
El fútbol femenino de Bahía compite contra eso. No contra el masculino. Contra las alternativas que, siendo menos glamorosas, son más confiables.
La trampa de las generaciones futuras
Resuena entre muchos en el ambiente femenino, en unos años, cuando crezcan las más chicas que vienen con otra preparación y otras ganas, la competencia será mucho más atractiva. Será motivante. Será diferente.
Es un argumento esperanzador. Y tiene un fondo de verdad, esas chicas pueden cambiar todo, hay jugadoras con muchísimo talento en Bahía que emergen todo el tiempo.
Pero hay un riesgo que no se está viendo con claridad suficiente. No las agoten, no las cansen.
Porque si la estructura actual (la de predios auxiliares, de decisiones inconsistentes, de promesas incumplidas, de crecimiento sin fundamento) sigue igual en tres, cuatro, cinco años, esas chicas con mejor preparación no van a heredar un proyecto en crecimiento. Van a heredar un proyecto en deterioro.
Y lo peor es que lo van a heredar cansadas. Desmotivadas por competencias que les pidieron más de la cuenta en categorías menores, en horarios madrugadores, en canchas que no merecían su talento.
No es que abandonen el fútbol porque encuentren opciones mejores. Es que lo hacen porque están hartas. Y eso es irreversible.
La pregunta incómoda
¿Por qué alguien elegiría esta competencia sobre lo que existe? No por tradición. Eso se agota rápido. No por infraestructura. Eso está comprometido. No por promesas. Esas ya no las cree nadie.
¿Entonces? Por la pasión de jugar. Por el talento que todavía no se ha rendido. Por la esperanza de que algo, algún día, cambie. Eso es suficiente para un tiempo. No para siempre.
Lo que falta
El fútbol femenino de Bahía no necesita más categorías. No necesita comunicados. No necesita promesas nuevas que se sumarán al cementerio de las viejas.
Necesita que alguien dentro de la estructura tenga el coraje de decir, no sumamos nada más hasta que lo que existe funcione bien. Hasta que haya canchas. Hasta que haya horarios dignos. Hasta que haya un plan de verdad. Y que la liga no los “sancione” por no presentar alguna de las categorías.
Necesita que los clubes dejen de pensar en la próxima temporada y empiecen a pensar en un proyecto de diez años. Algunos ya lo están haciendo.
Necesita que se entienda que recaudar no es lo mismo que construir.
Y necesita, sobre todo, que protejan a esas chicas más jóvenes de la lógica perversa de hacer más con menos, de sumar cuando no hay cómo, de crecer sin crecer. Hoy un debate que se abre entre los padres es saber si chicas menores de 14 años, deben jugar en 1ra división por su talento, o ir cumpliendo sus ciclos de manera natural en sus categorías.
Porque cuando lleguen con esa preparación y esas ganas que todos mencionan, van a merecer encontrar un proyecto que esté a su altura.
No una competencia en caída libre que las está esperando para que la salven.
No es lo mismo ser jugadora de un proyecto que ser salvadora de un naufragio.
Y esa es la diferencia que nadie está analizando en profundidad.




