Una pausa necesaria
Nos costó mucho escribir estas líneas.
Probablemente porque nunca pensamos que íbamos a tener que hacerlo.
Tampoco porque se trate de una decisión tomada de un día para otro. La realidad es que hace tiempo venimos sintiendo que algo cambió. Que aquello que nos llevó a crear Círculo Central en 2021 ya no se parece tanto a lo que vivimos hoy.
Cuando empezamos este proyecto lo hicimos con total convencimiento en el fútbol femenino.
No había grandes objetivos detrás. No había una estructura. No había un plan de negocios. No había nada más que ganas.
Ganas de ir a las canchas, de filmar partidos, de sacar fotos, de llevar estadísticas, de contar historias y de darle visibilidad a una disciplina que muchas veces no tenía quién la cubriera.
Con el paso de los años, Círculo Central creció mucho más de lo que imaginábamos. Conocimos personas increíbles. Jugadoras, entrenadores, familias, colaboradores y gente que empuja el fútbol femenino todos los días desde lugares muy distintos.
Fuimos testigos de títulos, ascensos, derrotas, lesiones, alegrías y frustraciones.
Y también aprendimos algo importante. Que hablar de fútbol femenino no es solamente hablar de resultados.
Es hablar de las condiciones en las que se juega.
De las canchas.
De los horarios.
De la infraestructura.
De las oportunidades.
De las dificultades que muchas veces atraviesan las propias jugadoras.
Y sí, muchas veces elegimos hablar de esas cosas.
No porque quisiéramos perjudicar a nadie.
No porque creyéramos que todo estaba mal.
No porque nos gustara generar conflictos.
Sino porque siempre pensamos que visibilizar una realidad también era una forma de acompañar a la disciplina.
Nos equivocamos muchas veces. Y pedimos las disculpas en cada caso.
Seguramente hubo publicaciones con las que algunos estuvieron de acuerdo y otras con las que no.
Y eso siempre nos pareció completamente normal. Nunca esperamos unanimidad.
La crítica, el debate y el desacuerdo son parte de cualquier actividad vinculada a la comunicación.
Lo que nunca imaginamos fue que, con el tiempo, la discusión dejara de centrarse en lo que publicábamos para centrarse en quiénes éramos nosotros.
Pasamos de debatir publicaciones a debatir intenciones.
Pasamos de discutir contenidos a escuchar que éramos problemáticos.
Pasamos de hablar de fútbol a escuchar que éramos malas personas.
Y quizás lo que más nos sorprendió fue que muchas de esas descalificaciones llegaran desde lugares de conducción del propio fútbol femenino.
Podemos aceptar que alguien no comparta una publicación.
Podemos aceptar que alguien crea que estamos equivocados.
Lo que nunca imaginamos fue llegar al punto de escuchar que queríamos perjudicar o destruir la misma disciplina que acompañamos durante los últimos cinco años.
Sinceramente, nos cuesta entenderlo.
Porque podrán coincidir o no con nuestras opiniones. Podrán compartir o no nuestras publicaciones.
Pero nunca actuamos desde el deseo de que al fútbol femenino le vaya mal.
Todo lo contrario.
Por eso mismo nos resultó tan doloroso escuchar expresiones agresivas y desmedidas dirigidas hacia nosotros por parte de personas que ocupan lugares de representación dentro de la actividad.
Y aun así, eso no fue lo que terminó de hacernos reflexionar.
Lo que realmente nos hizo detenernos fue otra cosa.
Por primera vez en cinco años empezamos a sentir incertidumbre sobre si nos iban a dejar entrar o no a una cancha.
Por primera vez nuestra presencia pasó a ser tema de discusión por más de tres semanas en la reunión de delegados.
Por primera vez vimos cómo en ámbitos oficiales se planteaba la posibilidad de que los clubes decidieran si querían permitir o no nuestro ingreso.
Y queremos ser muy claros.
No se trata de una puerta.
No se trata de una acreditación.
No se trata de una cancha.
Lo que nos impactó fue haber llegado a ese punto.
Porque nunca pensamos que después de cinco años acompañando esta disciplina íbamos a encontrarnos preguntándonos si éramos bienvenidos o no.
Y ahí apareció una pregunta que nos hizo mucho ruido.
¿En qué momento nosotros nos convertimos en tema?
Porque nunca quisimos serlo.
Nunca buscamos ser protagonistas.
Nunca buscamos ocupar un lugar más importante que las jugadoras.
Nunca quisimos que una reunión dedicara tiempo a discutirnos a nosotros, cuando existen tantos temas que afectan directamente al fútbol femenino y merecen atención.
Siempre creímos que las protagonistas eran ellas. Y seguimos creyéndolo.
Por eso sentimos que necesitamos hacer una pausa.
No porque hayamos dejado de querer al fútbol femenino. No porque pensemos que todo está mal. No porque queramos que nadie tome partido.
Y tampoco porque alguien nos esté obligando a hacerlo.
Lo hacemos porque sentimos que el proyecto se fue alejando de aquello que nos imaginamos en sus inicios en 2021.
Porque nos gustaría volver a sentir la misma ilusión con la que empezamos.
Porque nos gustaría volver a hablar de fútbol sin sentir que nosotros somos parte de la noticia en reuniones de delegados.
Y porque creemos que, cuando uno empieza a entrar a una cancha con más incertidumbre que entusiasmo, es momento de frenar y reflexionar.
No sabemos qué va a pasar más adelante.
No sabemos si esto es un hasta luego o un punto final.
Hoy simplemente sentimos que esta decisión es la más honesta con nosotros mismos y con la historia que construimos durante estos años.
Gracias a cada jugadora que confió en nosotros. A cada entrenador y cuerpo técnico que nos abrió las puertas. A cada familia que nos acompañó. A quienes nos acercaron información y colaboraron incluso dentro desde Circulo Central como cronistas. A quienes compartieron nuestro trabajo. A quienes nos ayudaron cuando el proyecto parecía imposible de sostener.
Y también a quienes pensaron distinto y debatieron con respeto, porque las diferencias nunca fueron el problema.
Gracias por estos cinco años.
Nos volveremos a encontrar.
Aylén Saibene y Rodrigo Nistal



